Todos tenemos en algún momento de nuestras vidas un estado de perdida absoluta, que suele devenir en una catarsis personal.
Para mí lo fue la gestación de esta obra. Está escrita con un reloj que dejó de marcar y mover hacia la derecha y giró al revés y mucho más rápido de lo habitual.
No tenía tiempo. Los dioses, piadosos en ciertas ocasiones, me otorgaron el beneficio de unos meses regalados y pude terminarla para él.


Tuve la suerte de tener un padre que me ayudó e incluso en ocasiones me empujó a la fuerza a adorar la música. La buena música. Al margen de entrar en debates de cual sería la buena o la mala, me hizo que adorará el Swing, el Blues, el Soul, y por encima de todo el despiadado Jazz. Parido hace tantas décadas, que a veces muchos se olvidan de sus verdaderos orígenes.
Tenía un reloj del revés, una pieza caótica de jazz interminable entre las manos y en mi cabeza, llena de acordes imposibles y un ritmo vertiginoso y finalmente una única solución: escribirlo. Salió: "Si vuelves te contaré el secreto".

Está escrita para él. Un "libro jazz" dijo un día. Me encantó el término. No llegó a leerla entera, pero hasta la página 127 le cautivó y eso a fin de cuentas es lo importante.